Una fibra que él creía completamente muerta. Una semana después, durante la rutina matutina, Paloma notó algo extraño. Mientras ayudaba a Sarate con los ejercicios de estiramiento, observó una pequeña contracción involuntaria en su pie izquierdo. Era sutil, casi imperceptible, pero estaba ahí. ¿Stió eso?, le preguntó conteniendo la emoción. sentir qué, respondió él con tono asteado. No siento nada desde hace meses. Los médicos fueron muy claros. Daño completo de la médula. Espinal. Paloma no dijo nada más, pero comenzó a prestar atención a otros detalles.
Durante las siguientes semanas notó más pequeñas reacciones, un leve movimiento de dedos cuando no estaba consciente, contracciones musculares durante el sueño. Algo no encajaba con el diagnóstico médico que había leído en sus expedientes. Una noche, mientras Sarate dormía, Paloma decidió hacer algo que sabía que era arriesgado. comenzó a revisar discretamente los informes médicos que estaban archivados en su escritorio. Lo que encontró la dejó helada. Las últimas radiografías mostraban signos de posible regeneración en ciertos puntos de la médula espinal.
Era información que aparentemente él no sabía. El misterio se profundizó cuando, buscando más información, encontró un sobre cerrado con una carta dirigida a Sárate, firmada por un neurocirujano de renombre internacional. La fecha era reciente, pero la carta no había sido abierta. Paloma sostuvo el sobre en sus manos temblorosas, sabiendo que contenía información que podría cambiar todo. Debía decirle a Sarate sobre los pequeños movimientos que había observado. Tenía derecho a abrir esa carta que podría contener esperanza o más devastación.
Leave a Comment