- Consumo de medicamentos, algunos de los cuales pueden provocar somnolencia o confusión.
- Déficit cognitivo o de atención, que aumenta el riesgo de errores al interpretar señales o al calcular distancias.
No se trata de una cuestión de edad cronológica, sino de condición física y mental. Muchos adultos mayores están en excelente estado y pueden seguir conduciendo con seguridad, pero otros presentan limitaciones que los ponen a ellos —y a los demás— en riesgo.
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