Creyó que podía engañarla, pero ella tenía un plan que él jamás imaginó

Creyó que podía engañarla, pero ella tenía un plan que él jamás imaginó

—No te merezco —susurró.

—Tal vez —esbozó una sonrisa débil—. Pero el que decide eres tú. Ahora vete. No me llames en estos días.

Él tomó la maleta.

—Nos vemos en una semana.

—Nos vemos.

Cuando se cerró la puerta, Marina volvió a la sala. Observó el pastel, las fotos, las luces. Se acercó a la ventana y lo vio abajo, con la maleta, dudando, alejándose por fin.

Llevó la mano al vientre. No estaba embarazada. Había pedido a Alejandro, un amigo del colegio, que la ayudara a montar la escena. Sabía que la mentira no es buen cimiento para reconstruir, pero también sabía que a veces alguien necesita perderlo todo para entender qué valía tenía.

Apagó las luces y se dirigió a la recámara. “La noche trae consejo”, solía decir su abuela. Tenía una semana por delante.


Epílogo (una semana después)

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