El aire desapareció de mis pulmones.
Ella era mi prima.
Sara sacó una foto vieja: un hombre idéntico a mí, una mujer, y una niña pequeña.
—Esta es mi mamá —dijo—, y este hombre… tu padre. Fue la última foto antes de que desapareciera.
—¿Desapareciera?
—No se fue. Lo mataron. Su coche apareció en el fondo del lago de Chapala. Y una semana antes, tu madre había contratado un seguro de vida millonario a su nombre.
Sentí la sangre huir de mi rostro.
Sara colocó un cuaderno sobre la mesa.
—Este es su diario. Léelo. Y después, decide quién fue el verdadero villano de tu historia.
Las páginas estaban llenas de su letra elegante.
Fechas, sospechas, miedo.
Mi madre reuniéndose a escondidas con socios rivales. Documentos desaparecidos. Aumentos misteriosos en la póliza de seguro.
“Elizabeth está cambiando. No confío en ella. Si algo me pasa, que Karen cuide de Miguel. No puede quedarse con su madre.”
Lloré.
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