Los tres lo vieron subirse a una vieja pickup blanca, con las puertas abolladas y el parabrisas roto con cinta. El motor tosió dos veces antes de arrancar.
Villamil suspiró.
—Ese hombre podría comprar cien camionetas nuevas mañana —dijo—, pero sigue manejando esa troca porque le recuerda de dónde viene. Ese es un verdadero millonario. No por su dinero, sino por su carácter.
Desde ese día, la historia de Don Félix Navarro se volvió leyenda entre los vendedores de camiones en Guadalajara.
Y cada nuevo empleado escuchaba la misma frase grabada en la pared de la agencia:
“Nunca juzgues por las apariencias. El respeto vale más que cualquier venta.”
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