“Me das asco”, le dijo su propio hijo… y al día siguiente, el anciano vendió su casa y desapareció….

“Me das asco”, le dijo su propio hijo… y al día siguiente, el anciano vendió su casa y desapareció….

A pesar de su propio agotamiento, don Melchor levantó a sus hijos con una sonrisa, intentando disimular el dolor en su rostro. Buenos días, mis amores, dijo con una voz que denotaba más amor que cansancio. Sus hijos, como siempre le respondieron con una sonrisa radiante, como si él fuera su héroe, a pesar de que la realidad de su vida era tan diferente. Con manos torpes, pero llenas de cariño, don Melchor comenzó a preparar el almuerzo.

Lo mismo de todos los días, arroz, papas y algo de carne. y la suerte lo acompañaba. Mientras cocinaba, les hablaba a sus hijos de la importancia de estudiar, de esforzarse, de aprender. “Nada en la vida se logra sin sacrificio,” les decía, aunque a veces sus palabras se sentían vacías, como un eco que ya no alcanzaba a llenar todo lo que deseaba transmitirles.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top