El agua es el vehículo que transporta nutrientes y elimina toxinas, pero su efecto depende de cómo la consumas:
- Evita beberla demasiado fría, ya que puede afectar la digestión.
- Elige agua filtrada o mineral, libre de contaminantes.
- Añade una pizca de sal marina o unas gotas de limón para equilibrar los electrolitos.
- No bebas grandes cantidades de golpe: el cuerpo elimina el exceso sin aprovecharlo.
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