El dinero, los regalos, la ayuda… están destinados a demostrar amor, no control.
Pero cuando cada acto de generosidad se convierte en un recordatorio de lo que se «debe» («Después de todo lo que he hecho por ti…»), envenena la gratitud.
Los niños siempre elegirán la libertad antes que el afecto condicional. Prefieren luchar por su cuenta antes que aceptar una ayuda que les cueste su independencia.
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