Puede que quieras mucho a tu hijo, pero si tratas a su pareja como a un invitado que se ha quedado más tiempo del debido, tu hijo acabará dejando de visitarte.
Los comentarios sutiles, los silencios fríos, las historias nostálgicas de «antes de que llegaran»… Todos ellos transmiten el mismo mensaje: no formas parte de esta familia.
Amar a tu hijo significa aceptar también a la persona que ama. De lo contrario, cada visita se convierte en un ejercicio de tomar partido.
Leave a Comment