Más allá de las vitaminas y los suplementos, su verdadera clave parece estar en su actitud. Mantiene el entusiasmo por aprender, la curiosidad por el mundo y un agradecimiento constante por cada día. Esa energía positiva se refleja en todo lo que hace.
Ella misma resume su filosofía de vida en una frase sencilla pero poderosa: “El cuerpo envejece, pero el alma no tiene por qué hacerlo”. Y quizás ahí esté la respuesta a por qué, a sus 87 años, se levanta cada día con una sonrisa, lista para seguir disfrutando de la vida.
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