La cuarta vitamina que no falta en su vida es la E, conocida por su poder antioxidante. Esta vitamina ayuda a combatir los radicales libres que aceleran el envejecimiento celular y protegen tanto la piel como los órganos internos.
Ella empezó a tomarla no por estética, sino porque le explicaron que también cuida el corazón y la circulación. A los pocos meses notó que su piel estaba más suave, sus uñas más fuertes y su cabello más brillante. Pero lo que más le entusiasma es que siente que su cuerpo “funciona mejor”.
“Ya no me duelen tanto las articulaciones y siento las piernas más ligeras”, dice. De hecho, suele recomendar a otras personas mayores que hablen con su médico sobre esta vitamina, ya que, según su experiencia, mejora la calidad de vida de una manera que se nota en el día a día.
Más allá de las vitaminas: una vida con propósito
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