En esta etapa, el cerebro atraviesa cambios reales:
- Aumenta la tolerancia.
- Disminuye la capacidad para poner límites.
- Se busca más la armonía que el conflicto.
- Crece el deseo de “que todo esté en paz”.
Lo que parece un gesto de sabiduría, también puede volverse una trampa:
las personas bondadosas se vuelven presas fáciles para familiares o allegados emocionalmente dañinos.
Súmale algo más:
A partir de los 60 aparece lo que yo llamo el síndrome del tiempo que se agota.
Ese impulso de querer cerrar ciclos, perdonar, unir, ser útiles, ser queridos.
Esa necesidad emocional, mal acompañada, abre la puerta a la manipulación.
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