Vivieron juntos por 70 años. Y antes de morir, su esposa confesó un secreto terrible!…

Vivieron juntos por 70 años. Y antes de morir, su esposa confesó un secreto terrible!…

He estado ahorrando cada centavo que gano. Ya tengo suficiente para comprar un terreno pequeño y con mis propias manos construiré nuestra casa. No será un palacio, mi amor, pero será nuestro hogar y eso la hará más hermosa que cualquier mansión. Teresa guardaba cada carta como si fuera un tesoro, escondiéndolas entre las páginas de su libro de oraciones.

Por las noches las releía a la luz de una vela y sentía que Miguel estaba ahí con ella, susurrándole palabras de amor al oído. También le escribía cartas llenas de lágrimas y esperanza. Mi querido Miguel, papá dice que eres pobre, pero yo sé que tienes el corazón más rico del mundo.

Dice que no tienes futuro, pero yo veo en tus ojos un mañana lleno de luz. No importa cuánto trate de convencerme de lo contrario, mi corazón te pertenece y te pertenecerá hasta mi último aliento. Pero las palabras de don Aurelio comenzaron a hacer mella en la mente de Teresa. Cada noche, cuando se acostaba, escuchaba los consejos de su padre repitiéndose como ecos en su cabeza. Los hombres pobres siguen siendo pobres.

Te vas a arrepentir toda tu vida. vas a pasar hambre y necesidades. Tus hijos van a sufrir por tu capricho. Y aunque su corazón gritaba que eso no era cierto, una parte pequeña pero insidiosa de su mente comenzó a preguntarse, “¿Y si papá tiene razón? ¿Y si Miguel nunca puede darme la seguridad que necesito? ¿Y si tengo hijos y no puedo alimentarlos?” La semilla de la duda había sido plantada. Mientras tanto, Miguel trabajaba como un hombre poseído.

Se levantaba antes del amanecer para trabajar en la panadería y por las tardes se iba a la hacienda Vázquez para hacer trabajos extra. Cargaba costales, reparaba cercas, ayudaba en las cosechas. Sus manos se llenaron de callos y su espalda se resintió del esfuerzo, pero cada peso que ganaba lo acercaba más a su sueño de casarse con Teresa. Don Aurelio, por su parte, no se quedó de brazos cruzados.

intensificó su campaña para convencer a Teresa de que se olvidara de Miguel y considerara al hijo de don Roberto Vázquez. Ricardo Vázquez es un muchacho decente, le decía durante las cenas. Estudió en la capital, tiene modales finos y cuando se case va a heredar la mitad de las tierras de su padre. Con él tendrías una vida cómoda, Teresa.

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