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El estrés y la ansiedad (más común, esa fue mi causa)
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Privación del sueño (que ahora tenía en picas)
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Cambios hormonales (perimenopausia, menopausia, embarazo)
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Efectos secundarios de los medicamentos (ciertos antidepresivos, estimulantes, medicamentos para la presión arterial)
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Abstinencia de alcohol o drogas
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Condiciones de la piel (piel seca, eccema, neuropatía)
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Deficiencias nutricionales (bajo contenido de hierro, B12 o folato)
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Condiciones neurológicas (Parkinson’s, esclerosis múltiple, herpes zóster)
En mi caso, la respuesta fue simple: estrés y falta de sueño. Estaba en un período de alta presión en el trabajo, durmiendo mal, y mi cerebro estaba esencialmente fallando, creando sensaciones que no eran reales.
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