Sí.
Puedes hacerlo sin miedo, sin supersticiones y sin sentir que traicionas la memoria del ser querido.
Dormir allí no atrae espíritus, no abre puertas oscuras y no rompe ningún lazo sagrado.
Lo único que importa es tu paz interior.
Si hacerlo te tranquiliza, hazlo.
Si te incomoda, cambia la cama, regálala o reorganiza el cuarto.
Pero no tomes decisiones basadas en el miedo.
Hazlas desde el amor, desde la fe y desde el deseo sincero de sanar.
Porque todo lo que Dios toca vive, y donde hubo lágrimas, Él puede traer luz.
Leave a Comment