No existe ninguna enseñanza bíblica ni cristiana que prohíba acostarse en la cama de alguien que ya falleció. Tampoco hay fundamento para creer que la cama queda “contaminada” o cargada de sombras.
La santidad no está en los objetos.
La paz está en el corazón con el que obras.
Si al ver la cama sientes peso, puedes cambiar las sábanas, ventilar el cuarto, hacer una oración breve:
“Señor, gracias por la vida que aquí se compartió. Que este lugar sea ahora espacio de paz.”
Y si sientes que puedes descansar allí, hazlo sin miedo. No traicionas a nadie.
Dormir en esa cama no borra el amor.
No rompe el vínculo.
No atrae espíritus.
Solo te ayuda a continuar tu camino.
Leave a Comment