Claro que sí, por el tiempo que necesites. No me refiero a Para siempre. Ya no quiero volver a esa casa. No con ella ahí. Puse mi taza sobre la mesita de centro y lo miré. Mateo, legalmente tu padre tiene la custodia. Yo solo puedo tenerte temporalmente hasta que se resuelva el caso. Si quieres quedarte conmigo de forma permanente, tendremos que hacer las cosas bien con abogados, con jueces. Pero mi papá nunca va a aceptar. No lo sabemos hasta intentarlo.
Él negó con la cabeza. Él hace todo lo que Vanessa le dice. Desde que se casaron es como si mi papá fuera otra persona. ¿Sabes lo que escuché hace una semana? ¿Qué escuchaste? Mateo bajó la voz como si alguien pudiera oírnos. Estaban en su cuarto. Yo iba al baño y pasé por su puerta. Estaba entreabierta. Vanessa estaba hablando por teléfono con alguien. Decía, “Tranquilo, todo va según el plan. Cuando la vieja se muera, Adrián heredará la casa.
La vendemos y nos sacamos al menos 4 millones y medio. Con eso y lo que ya tengo ahorrado, nos vamos a Cancún, abrimos el hotel como siempre soñamos y al Esquincle lo mandamos a un internado militar en Veracruz. Que se lo aguanten otros. Sentí como la sangre me hervía por dentro. ¿Estás seguro de lo que escuchaste? Completamente seguro, abuela. Por eso esa noche cuando llegué tarde y me atacó, supe que era parte de su plan. Quiere alejarme de ti.
Quiere que tú me veas como un problema. Quiere que mi papá también me vea así. Y cuando yo ya no estorbe, solo queda esperarte a ti. No terminó la frase. No necesitaba hacerlo. Vanessa estaba planeando mi muerte, o al menos estaba esperando que muriera pronto. Y mientras tanto iba a destruir cualquier vínculo que existiera entre mi hijo y yo, entre Mateo y su padre. ¿Le dijiste algo a tu papá? Intenté. Al día siguiente, cuando Vanessa salió a la peluquería, le conté lo que había escuchado.
¿Sabes qué me dijo? Que estaba inventando cosas porque no aceptaba que él reho, su vida, que yo era un adolescente resentido, que Vanessa había sido muy paciente conmigo y que yo solo la hacía quedar mal. La impotencia que sentí en ese momento fue aplastante. Mi propio hijo, el niño que había criado para ser justo y honesto, estaba completamente cegado. Tú no inventas nada, Mateo, y yo te creo. Cada palabra. Él apoyó su cabeza en mi hombro y suspiró.
¿Por qué ella nos odia tanto, abuela? Porque el odio de personas como Vanessa no viene del corazón, viene de la ambición. Para ella, tú y yo somos obstáculos, cosas que están entre ella y lo que quiere. ¿Y qué quiere? Dinero, poder, una vida fácil sin trabajar por ella. Me quedé pensando en silencio. Comencé a atar cabos. Cuando Adrián conoció a Vanessa, ella le dijo que venía de una familia adinerada de Monterrey, que había estudiado en escuelas privadas, que trabajaba como dealer en el casino porque le gustaba la emoción, no por necesidad.
Leave a Comment