La marca más profunda y, al mismo tiempo, la más escondida, es esta:
una sed interior que nada logra apagar del todo.
- Nada las satisface completamente: ni el éxito, ni el dinero, ni los proyectos.
- Sienten que su corazón late para algo más grande.
- Buscan a Dios, se sienten atraídas por lo espiritual, por la oración, por lo sagrado.
- Se sienten “extranjeras” en un mundo materialista y superficial.
Desde la fe, esa inquietud no es un problema psicológico, sino un sello del cielo: el alma sabe que fue creada para algo más y no se resigna a una vida sin profundidad espiritual.
Cuando esta mujer despierta y empieza a vivir de verdad su misión, se convierte —en lenguaje espiritual— en un terremoto contra la oscuridad: donde llega, reza, intercede, ama y sostiene.
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