Mucha gente cree que la pérdida de memoria llega de un día para otro, pero en realidad suele ser un proceso lento y silencioso.
Señales tempranas que solemos ignorar
- Te cuesta encontrar palabras sencillas.
- Olvidas por qué entraste a una habitación.
- Pierdes el hilo de una conversación.
- Sientes la mente “espesa”, lenta o nublada.
Muchas veces lo atribuimos al estrés, al cansancio o al paso del tiempo. Sin embargo, son pequeñas alarmas de que el cerebro necesita más circulación, más movimiento y más conexión con el cuerpo.
La buena noticia: hay formas simples de reactivarlo desde la lengua, las orejas, los pies y el cuello.
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