No se trata solo de mover el cuerpo: se trata también de oxigenar el cerebro.
- Inhala por la nariz, lenta y profundamente.
- Exhala por la boca, suavemente, como si soplaras una vela sin apagarla del todo.
Esto activa el sistema nervioso parasimpático, que:
- Relaja el cuerpo.
- Disminuye la ansiedad.
- Lleva más oxígeno al cerebro.
Con una buena respiración, zonas como el lóbulo frontal (concentración) y el hipocampo (memoria) responden mejor. Es como abrir una ventana en una habitación cerrada.
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