Cuando pisaron de vuelta la Ciudad de México, encontraron el papel en la puerta:
“30 días.”
Ricardo llamó gritando, Sonia llorando, amenazas, manipulación, y la frase más típica:
—“Fue un error.”
Y yo respondí, sin levantar la voz:
—“Ustedes me borraron de la fiesta por error.
Yo los estoy borrando de mi vida por decisión.”
Colgué.
Esa noche dormí ocho horas seguidas por primera vez desde la humillación.
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