En el juzgado, mantuve mi papel.
Cabizbaja.
Callada.
Derrotada.
—¿Renuncia voluntariamente? —preguntó la jueza.
—Sí —respondí.
Rodrigo firmó con rapidez.
Con una sonrisa.
Sin leer.
Sin entender.
Ese fue el momento exacto en que perdió todo.
En el juzgado, mantuve mi papel.
Cabizbaja.
Callada.
Derrotada.
—¿Renuncia voluntariamente? —preguntó la jueza.
—Sí —respondí.
Rodrigo firmó con rapidez.
Con una sonrisa.
Sin leer.
Sin entender.
Ese fue el momento exacto en que perdió todo.
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