De regreso en Veracruz, encendí la luz del balcón al atardecer.
—Esta luz ya no es para esperar —susurré—. Es para la paz.
Y por primera vez, lo sentí verdad.
De regreso en Veracruz, encendí la luz del balcón al atardecer.
—Esta luz ya no es para esperar —susurré—. Es para la paz.
Y por primera vez, lo sentí verdad.
Leave a Comment