“Coloca una cámara oculta en la sala y vete del departamento”, me dijo mi nuera y esto sucedió.

“Coloca una cámara oculta en la sala y vete del departamento”, me dijo mi nuera y esto sucedió.

De regreso en Veracruz, encendí la luz del balcón al atardecer.

—Esta luz ya no es para esperar —susurré—. Es para la paz.

Y por primera vez, lo sentí verdad.


¿Qué aprendemos de esta historia?

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top