Santiago se rió con descaro.
—Diego, amigo, te metiste en un problema. Una freelancer con auto viejo, departamento alquilado y trabajo inestable. Al final vas a terminar manteniéndola.
Diego no defendió a Valeria.
Al contrario, sonrió con incomodidad y dijo:
—Bueno, ella está intentando mejorar. Ya hablamos de que debe buscar un empleo fijo. Aunque gane menos, al menos tendría estabilidad.
Valeria lo miró en silencio.
Diego continuó:
—También tendrá que aprender a ahorrar. Nada de cafés caros, taxis o compras innecesarias. Si vamos a formar una familia, tendrá que adaptarse a mi presupuesto.
Marta asintió, satisfecha.
—Eso es lo correcto. Una mujer debe saber cuidar el hogar, cocinar, ahorrar y apoyar a su esposo. No andar jugando a ser profesional con trabajos raros.
Valeria sintió que la prueba estaba llegando a su resultado final.
No solo la consideraban pobre. La consideraban una carga.
Y lo peor era que Diego disfrutaba viéndose como su salvador.
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