—Y llegaste justo a tiempo —continuó Maya—. Tenemos algo para ti.
Natalie sonrió entre lágrimas.
—¿Un regalo del Día de la Madre?
—Algo así —respondió Maya.
Luego caminó hacia el armario de la cocina y alcanzó el fondo de la esquina, donde los niños siempre habían guardado años de manualidades viejas, tarjetas y recuerdos.
Sacó un pequeño paquete envuelto cuidadosamente en papel de seda descolorido.
Nunca lo había visto antes.
Natalie lo aceptó con entusiasmo, ya convencida de que eso era la prueba de que sus hijos aún la querían.
Despegó la cinta lentamente.
El papel de seda se desplegó.
Y de repente todo el color abandonó su rostro.
—¿Cómo te atreves? —gritó.
Me adelanté instintivamente.
Dentro de la caja había una tarjeta hecha a mano por Maya.
Decía:
**VETE. NO TE NECESITAMOS.**
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