El famoso PSA (antígeno prostático específico) ha sido durante años una prueba casi obligatoria para los hombres. El problema es que después de los 70, su utilidad se vuelve muy cuestionable.
El cáncer de próstata es, en muchos casos, de crecimiento lento. Un PSA elevado no siempre significa un cáncer agresivo, pero sí suele desencadenar una cascada de pruebas, biopsias y tratamientos que pueden provocar efectos secundarios importantes como incontinencia urinaria o disfunción sexual.
Para muchos hombres mayores, el tratamiento del cáncer de próstata detectado por PSA puede generar más molestias que beneficios reales. Por eso, cada vez más especialistas recomiendan dejar de hacer esta prueba de forma rutinaria a partir de cierta edad, especialmente si no hay síntomas urinarios preocupantes.
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