Valeria se mordió el dorso de la mano hasta hacerse sangrar, obligándose a no emitir ni 1 solo sonido. Habían sido 7 años de relación. 7 años creyendo que Diego Castañeda era su compañero de vida, su refugio, el padre perfecto. Y todo su matrimonio terminó reducido a 1 sola frase lapidaria.
Si ellos querían jugar a ser Dios con la vida de 1 recién nacido, Valeria iba a hacerles probar el sabor exacto de su propio veneno. Lo que Diego y Sofía no sabían era que el verdadero hijo de Valeria había nacido con 1 diminuta marca en forma de media luna bajo la planta del pie izquierdo. 1 señal casi invisible, pero para 1 madre, ningún detalle pasa desapercibido.
Esa misma tarde, mientras los médicos llevaban a los bebés al área neonatal para su revisión, Valeria gastó 1,000,000 de pesos para comprar el silencio y la complicidad de 1 enfermera particular. No lloró. No gritó. Con las grapas de la herida tirándole la piel y el cuerpo ardiendo en fiebre, se levantó de la cama como pudo y recuperó a su verdadero hijo. Después, devolvió al bebé enfermo a la cuna de la habitación de Sofía.
La pulsera de identificación fue descosida y cosida de nuevo. 1 vez más, cada bebé volvió a su lugar original. Los amantes creyeron que habían robado la vida del hijo de Valeria. Pero en realidad, desde ese instante, cada quien estaba cargando con su propia sangre.
A la mañana siguiente, la puerta se abrió. Era la suegra de Valeria, Doña Leonor Castañeda, la implacable matriarca de la familia. Nadie en esa habitación imaginaba la magnitud de la tragedia que estaba a punto de desatarse, ni el infierno que todos estaban a punto de vivir… No podían creer lo que estaba a punto de suceder.
PARTE 2
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