La respuesta es simple: los símbolos fáciles de recordar suelen pasar de generación en generación.
Muchas abuelas enseñaban este gesto como protección.
Algunos padres lo usaban jugando con sus hijos.
Y otras personas simplemente lo repetían porque lo habían visto toda la vida.
Con el tiempo, el significado original comenzó a perderse, pero el gesto siguió presente.
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