A la mañana siguiente comenzaron los preparativos.
Quitaron las sábanas limpias de las habitaciones, dejaron colchones amontonados, escondieron las toallas nuevas y desconectaron el Wi-Fi.
Después vino la parte más absurda del plan.
Llevaron cinco caballos dóciles dentro de la casa.
Estrella, Trueno, Caramelo, Morocho y Blanco entraron lentamente al enorme salón principal mientras Don Julián los guiaba con zanahorias y manzanas.
Los animales caminaron por la sala, el comedor y los pasillos, dejando huellas, desorden y un caos imposible de ignorar.
También ensuciaron la piscina con hojas secas y tierra para que pareciera abandonada.
Finalmente, Elena instaló una pequeña cámara de seguridad oculta en la sala para observar todo desde la ciudad.
Antes de irse, dejó una nota sobre la mesa.
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