Compró una hermosa finca en las afueras de San Miguel del Valle, un pequeño pueblo rodeado de montañas y naturaleza. La propiedad se llamaba El Refugio de las Garzas, y desde la primera vez que la vio sintió que ese lugar la estaba esperando.
La casa principal era antigua, de estilo colonial, con techos altos, corredores amplios y una enorme galería desde donde podían verse los atardeceres más hermosos que Elena había contemplado en su vida.
Por primera vez en décadas, tenía silencio.
Y paz.
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