“Nadie creía en la choza de la viuda, escondida en lo profundo de la cueva… hasta que una tormenta que duró cinco días dejó a toda la ciudad sumida en el hielo.”

“Nadie creía en la choza de la viuda, escondida en lo profundo de la cueva… hasta que una tormenta que duró cinco días dejó a toda la ciudad sumida en el hielo.”

Nadie creía en la choza de la viuda, escondida en lo profundo de la cueva… hasta que una tormenta que duró cinco días dejó a toda la ciudad sumida en el hielo.”

Desde que su esposo Mateo murió en un accidente en el bosque tres años atrás, Elena había quedado sola en una casa antigua al borde del pueblo. Era una casa de madera oscura, con un techo inclinado y un jardín que antes estaba lleno de flores, pero que ahora se veía más salvaje que cuidado.

En Valdemora todos se conocían. Y cuando alguien hacía algo fuera de lo común, el pueblo entero se enteraba en cuestión de horas.

Por eso, cuando Elena comenzó a cavar en el terreno detrás de su casa a principios de otoño, no tardaron en empezar los comentarios.

—La viuda se volvió loca —dijo Don Ramiro, el dueño de la tienda del pueblo.

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