Con dificultad, llamé a mi hija.
—Claudia… creo que necesito ir al hospital.
Del otro lado hubo un suspiro, como si yo fuera una molestia.
—Ahora, mamá…
—No puedo respirar…
Después de unos segundos, respondió:
—Está bien, voy.
Cuando llegó, su expresión era de fastidio. Pero yo no tenía fuerzas para discutir.
En el hospital, todo fue rápido: estudios, radiografías, análisis. Horas después, el médico se sentó junto a mi cama con una mirada seria.
—Señora Celina, necesitamos operar de inmediato.
Sentí miedo… pero lo que más me marcó fue mirar a mi hija y verla completamente indiferente, concentrada en su celular.
Leave a Comment