El bombardeo constante de notificaciones puede generar lo que muchos expertos llaman sobrecarga digital. Para algunas personas, silenciar el teléfono es una forma de proteger su bienestar emocional y evitar la sensación de urgencia permanente que generan los mensajes, correos y redes sociales.
De hecho, algunas estrategias de “desintoxicación digital” recomiendan precisamente limitar o silenciar las notificaciones para mejorar el equilibrio mental.
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