Entonces dije las palabras que nadie esperaba:
—Esta boda fue un error. Y termina aquí.
Llamé a mi hija. La abracé.
—Mi hija no es sirvienta de nadie. Es una mujer digna de respeto y amor.
Andrea me miró entre lágrimas y dijo:
—No quiero esta vida.
Nos fuimos.
Antes de salir, Andrea dejó el anillo sobre la mesa.
El matrimonio duró cuatro horas.
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