Otro factor relevante es la disminución del apetito y de la ingesta de líquidos, algo común en las fases finales de muchas enfermedades. La deshidratación y el ayuno modifican la manera en que el cuerpo obtiene energía, lo que puede generar compuestos volátiles perceptibles en el aliento o en el entorno. Estos olores no representan un peligro para quienes acompañan al paciente, pero sí son una señal de un organismo que atraviesa una situación de fragilidad extrema.
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