El cuarto error tiene que ver con la vida social, o mejor dicho, con la falta de ella. Muchos adultos mayores, por las circunstancias o por costumbre, viven aislados. Tal vez viven solos, tal vez su círculo se ha reducido con los años, o quizá se han acostumbrado a no participar en actividades sociales. El aislamiento es un enemigo silencioso y mortal. Está comprobado que la soledad crónica acorta la vida casi tanto como el tabaquismo. La mente necesita compañía, conversación, risas y motivación para mantenerse activa. Cuando una persona se aísla, aumenta el riesgo de depresión, deterioro cognitivo e incluso demencia. Mantener vínculos, aunque sean pocos, es fundamental. Un café con un amigo, una reunión familiar, un club de lectura, cualquier actividad que conecte con otras personas es como un bálsamo para el cerebro.
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