Otro error muy común es descuidar la alimentación. A veces por comodidad, otras por costumbre y otras por falta de educación nutricional, muchos adultos mayores siguen dietas que simplemente no les funcionan. Exceso de carbohidratos, poca proteína, demasiada azúcar, poca hidratación… y el resultado es un cuerpo que no recibe lo que necesita para mantenerse fuerte. La nutrición a esta edad es crucial: sin suficiente proteína, la musculatura se deteriora rápido; sin vitaminas y minerales adecuados, el sistema inmune se debilita; sin fibra y agua, el sistema digestivo comienza a fallar. Comer bien no es comer mucho, es comer inteligente. A veces, pequeños cambios —como incluir más vegetales, reducir alimentos procesados o beber más agua— pueden mejorar radicalmente la salud.
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