Esto no necesariamente refleja una decisión de los niños o de los abuelos, sino que suele ser una consecuencia de los acuerdos familiares y la logística cotidiana que surgen después de una separación.
La distancia geográfica es otro factor que puede influir en la frecuencia del contacto. Cuando una abuela vive más cerca del hogar de los niños, es más probable que participe en actividades diarias, celebraciones o visitas espontáneas. En cambio, si la abuela paterna vive lejos, los encuentros pueden depender de viajes, vacaciones o fechas especiales.
Además, las responsabilidades laborales, los horarios escolares y las obligaciones propias de la vida adulta pueden hacer que organizar visitas frecuentes resulte más difícil cuando existe distancia física.
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