Marisol dictó sus órdenes: necesitaba 1 abogado penalista, copias de sus estados de cuenta bancarios y 1 departamento de seguridad donde Raúl jamás pudiera rastrearla. Apenas 4 horas después, el licenciado Herrera cruzó la puerta con 1 maletín negro. Durante 2 horas, Marisol le documentó todo: el robo de sus tarjetas, el encierro sistemático y el intento de feminicidio.
—Marisol, esto es arriesgado —dijo el abogado.
—Más arriesgado fue dormir 3 años con el enemigo.
La trampa se activó al 3er día. Lucía trasladó a Marisol a 1 ala restringida, ocultándola en 1 silla de ruedas detrás de 1 puerta entreabierta cerca de su antigua habitación, la 304. Desde las sombras, Marisol observó cómo el elevador se abría. Raúl, doña Berta y don Víctor caminaban por el pasillo. Llevaban 1 ridícula canasta de frutas, creyendo que 3 días de tortura se borraban con manzanas.
—¿Dónde está mi esposa? —exigió Raúl en el mostrador.
—La paciente solicitó privacidad absoluta —respondió Lucía.
Doña Berta golpeó el mostrador.
—¡Es mi nuera, mi propiedad! Seguro la escuincla se escapó para hacerse la víctima.
El escándalo atrajo las miradas de 15 personas en la sala de espera. El doctor Salcedo salió de su consultorio.
—La señora Marisol fue trasladada por seguridad de la Fiscalía. Presenta lesiones brutales que son 100 por ciento compatibles con golpes de 1 objeto contundente. Manifestó terror de regresar por violencia familiar.
El color abandonó el rostro de Raúl.
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