—No puedo moverla, Raúl. Me duele de forma horrible —suplicó ella.
Él se agachó lentamente. Por 1 microsegundo, Marisol albergó la esperanza de que iba a examinar su herida, pero Raúl la agarró bruscamente de la barbilla con 2 dedos, obligándola a levantar el rostro empapado en lágrimas.
—Marisol, ¿cuántas malditas veces te he explicado que en esta casa las reglas de mi madre se obedecen sin cuestionar?
Marisol yacía en el suelo, atrapada a merced de 3 personas que la veían como 1 objeto de su propiedad. Nadie iba a ayudarla, y lo que estaba a punto de hacer para salvar su vida dejaría a todos sin aliento. Era absolutamente imposible imaginar la pesadilla que estaba por desatarse en las próximas horas.
PARTE 2
El silencio en la cocina se volvió asfixiante. A sus 29 años, siendo 1 mujer con 1 título universitario y 1 puesto directivo que generaba más ingresos que el de su esposo, Marisol se vio reducida a 1 niña castigada. Su bolso, donde guardaba su celular, sus tarjetas de crédito y su credencial del INE, estaba secuestrado en el comedor. Doña Berta llevaba 8 meses aplicando esa táctica, confiscando sus pertenencias “para que no hiciera tonterías con el dinero”. Raúl siempre avalaba el robo.
—Solo quise cuidar la salud de tu papá —balbuceó Marisol.
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