PARTE 1
El 3er golpe del pesado rodillo de madera astillada partió la pierna de Marisol con 1 sonido seco, pero lo que verdaderamente terminó de romperle el alma fue escuchar a su propio esposo decir que se lo tenía bien merecido. Marisol cayó de lado sobre los fríos azulejos de talavera de aquella inmensa cocina en Guadalajara, con la mano izquierda hundida en 1 charco de salsa verde asada que se había derramado minutos antes durante la tensa cena familiar. El dolor le subió desde la tibia hasta la garganta, 1 agonía tan paralizante que ni siquiera le permitió articular 1 grito. Solo pudo abrir la boca, buscando oxígeno desesperadamente, mientras doña Berta seguía parada frente a ella. La suegra sostenía el rodillo ensangrentado en alto, respirando agitada, mirándola con el desprecio que normalmente se le reserva a 1 ladrona, no a la esposa de su único hijo.
Leave a Comment