Meses más tarde, en la sala 4 del reclusorio, la jueza miró a Diego con severidad.
—Señor Salgado, ¿admite haber puesto 1 sustancia corrosiva en el producto de su esposa antes de 1 evento masivo?
Diego, sin su traje de lujo, luciendo envejecido y patético, susurró:
—Fue… fue 1 broma que se salió de control.
La jueza golpeó el escritorio con 1 mazo.
—No. Fue 1 ataque premeditado, violencia de género y 1 intento de encubrir 1 fraude millonario.
Diego fue sentenciado. Perdió su libertad, su estatus y su matrimonio. Camila cooperó para evitar pasar 10 años encerrada y testificó en su contra. Doña Teresa se quedó sola; la alta sociedad la desterró por completo.
Afuera del juzgado, 1 periodista abordó a Valentina.
Leave a Comment