Roberto apretó los puños. “Elena, basta. Estás loca, cállate y vete al auto.”
“Creo que el único que va a tener que irse eres tú”, respondió ella con una calma glacial.
Elena abrió su bolso desgastado, el mismo que Roberto decía que le daba vergüenza, y sacó una gruesa carpeta manila. El rostro de su esposo perdió todo el color al instante.
“Elena, no te atrevas”, siseó él, presa del pánico.
Pero ya era demasiado tarde. Ella le entregó la carpeta directamente a Arturo.
“Señor Montenegro, como dueña intelectual del trabajo financiero de esta división, le entrego 82 páginas de pruebas. Aquí encontrará movimientos irregulares de la dirección a cargo de Roberto. Hay viáticos duplicados, 15 facturas infladas de supuestos proveedores, y transferencias millonarias desviadas hacia una empresa fantasma llamada R&V Consultores.”
Leave a Comment