Las venas visibles también hablan de control. De alguien que aprendió a respirar hondo cuando el corazón quería salirse del pecho. De alguien que reguló emociones para no derrumbarse. De alguien que entendió que no todo se puede mostrar, pero el cuerpo, tarde o temprano, deja señales.
Hay quienes se avergüenzan de ellas. Intentan cubrirlas, esconderlas, disimularlas. Como si fueran un defecto. Pero en realidad son una especie de mapa vital. Un recordatorio de que ese cuerpo estuvo presente en su propia historia.
Estas manos no son frágiles. Son cansadas, sí. Son honestas. Son manos que no mienten. No están hechas para aparentar, sino para hacer. Para sostener, para crear, para resistir.
Si tienes venas visibles, probablemente has sentido el peso del mundo alguna vez. Probablemente te exigiste más de lo que otros veían. Probablemente aprendiste a seguir incluso cuando nadie miraba.
Leave a Comment