Llegó al divorcio con su bebé de 12 días y su esposo se burló junto a la amante, pero el contenido de su carpeta negra los destruyó para siempre.
De vuelta en el presente, en el despacho de Polanco, la tensión se cortaba con 1 cuchillo. Sofía, luciendo 1 vestido rojo sumamente ajustado y uñas de acrílico perfectas, soltó 1 risita burlona al ver a Valeria acomodar al bebé.
—Qué milagro que viniste. Con lo mal que nos dijeron que estabas de tu cabecita, pensé que te quedarías llorando en tu cama —dijo la amante, con su insoportable voz de niña fresa.
Valeria la miró de arriba a abajo, con 1 calma aterradora que hizo temblar la sala.
—Mi estado médico se llama posparto, Sofía. No pendejez crónica.
El abogado de Arturo tosió violentamente, incómodo por la humillación. Arturo se levantó de su silla de piel carísima, fingiendo 1 preocupación enfermiza y falsa.
—Valeria, por favor, no hagas 1 circo de esto. Te vas a alterar y le vas a hacer daño al niño. Deberías estar internada descansando.
—Qué curioso que te preocupe tanto mi descanso el día de hoy, y no cuando estabas revolcándote en el hotel mientras tu hijo nacía entre sangre y dolor —soltó Valeria sin pestañear.
El silencio en la sala fue absoluto y pesado. Sofía tragó saliva ruidosamente y clavó la mirada en el piso. Arturo apretó los puños sobre la mesa, furioso porque su fachada de esposo modelo se estaba cayendo a pedazos frente a sus propios abogados.
—A ver, no venimos a discutir chismes baratos ni asuntos personales. Venimos a que firmes el acuerdo y ya —dijo Arturo, rojo del coraje.
Leave a Comment