Samuel miraba por la ventana polarizada. Los campos de agave, las bardas de piedra volcánica y las pequeñas casas de techo de lámina seguían intactos. Recordó aquella madrugada, 6 años atrás, cuando su padre falleció por 1 enfermedad pulmonar mal curada. La familia quedó hundida en la miseria, pero Elena, con las manos agrietadas de tanto lavar ropa ajena, le entregó 1 fajo de billetes arrugados. “Vete a la capital, mijo. No entierres tu futuro en este lodo. Tu madre sabrá cómo rascarle a la vida”, le había dicho. Samuel se fue con 3 camisas, 1 maleta rota y el corazón destrozado, jurando volver para darle la vida de reina que merecía.
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