—¡Son patrañas! ¡Yo tengo al juez en mi nómina! —bramó el cacique, desesperado.
—Ese juez fue suspendido a las 10 de la mañana de hoy —respondió Samuel, bajando los escalones de su casa hasta quedar a centímetros del rostro aterrorizado del hombre que arruinó a su familia—. Mi madre cargó sus ladrillos con las manos sangrando, se tragó el hambre y el sol para darme 1 futuro. Usted pensó que era 1 mujer indefensa. Pero ella estaba forjando al hombre que hoy viene a sepultar su imperio.
A lo lejos, el sonido estridente de 3 patrullas de la Policía Estatal y 2 vehículos de la Fiscalía confirmó que no era una amenaza vacía. Los oficiales descendieron con órdenes de aprehensión. El capataz intentó correr hacia los matorrales, pero fue sometido rápidamente. Don Eladio, temblando y pálido, fue esposado frente a los ojos de decenas de vecinos que llevaban décadas sufriendo bajo su yugo.
Mientras se llevaban al cacique, los aplausos tímidos de los vecinos se convirtieron en 1 ovación. Doña Carmen, Don Filemón y otras 20 familias que también habían perdido tierras bajo el mismo fraude, se acercaron con lágrimas en los ojos a abrazar a Elena.
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