—¿Chelo? ¿Qué estás haciendo ahí dentro? ¡Abre la puerta!
Miranda apareció de inmediato, gritando con histeria fingida:
—¡Esa india se volvió loca! ¡Arturo, va a lastimar a tu hijo!
Dentro de la habitación, Chelo ignoró los golpes en la madera. Respiró profundo, reuniendo todo su valor. Leo la miró. No había miedo en sus ojos febriles, solo 1 inmensa esperanza.
—Aguanta, mi amor —le susurró la mujer, con lágrimas empañándole la vista—. Voy a sacar esta porquería que te está matando.
Colocó las mandíbulas de metal de las pinzas en el borde superior del yeso, justo por debajo del codo. Apretó con ambas manos usando todo el peso de su cuerpo.
Crack.
El primer corte sonó fuerte, rompiendo la fibra dura.
Crack. Crack.
Con el tercer corte, el yeso cedió abriéndose como 1 cáscara maldita.
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