—Mi amor, escúchame. No es lo que crees. Era 1 remedio naturista. En mi pueblo decían que la miel de abeja ayudaba a curar los huesos más rápido… yo solo quería—
Arturo cerró la distancia en 2 zancadas y la acorraló contra la pared. Las venas de su cuello estaban a punto de reventar.
—¿Le inyectaste miel pura a presión bajo el yeso para que los insectos se lo comieran vivo?
—¡Yo solo quería que dejara de ser 1 mártir caprichoso! —estalló ella, perdiendo finalmente el control.
—¡Es 1 niño de 10 años, maldita sea!
La máscara de perfección de la alta sociedad se hizo pedazos. El rostro de Miranda se contorsionó en 1 mueca de odio puro, destilando todo el veneno que había ocultado durante 8 meses de matrimonio.
—Desde que pisé esta casa, ese mocoso me ha hecho la vida imposible. Me mira con asco, me hace sentir como 1 intrusa. Siempre llorando por su difunta madre, siempre recordándote que yo nunca seré ella. Si no lo quebraba yo, él iba a destruir nuestro matrimonio. ¡Tú me preferías a mí, y él tenía que desaparecer!
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