Mateo cerró los ojos, recordando con dolorosa nitidez aquella tarde. En ese instante, Leo bajó del escenario y corrió hacia su madre. Al ver al hombre alto y de traje interponiéndose en el camino, el niño se detuvo y lo miró con confusión.
—Mamá, ¿nos vamos ya? Mi abuela nos está esperando afuera para ir por los tamales para celebrar.
Elena le acarició el cabello al niño.
—Sí, mi amor. Ya nos vamos.
Mateo dio un paso hacia adelante, instintivamente extendiendo una mano temblorosa hacia el hombro de Leo.
—Leo, yo… yo soy…
Leave a Comment